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Mostrando las entradas etiquetadas como aventuras

Pobre Manolito - Elvira Lindo

  El nene no está calvo Mis amigos nunca lo confesarán, pero sé que me envidian. Me envidian por el camión tan grande que tengo y me envidian porque cuando mi padre vuelve los viernes de sus largos viajes, nada más entrar en mi calle, hace sonar dos veces la bocina para anunciarnos su llegada, así que nos enteramos nosotros, pero también se entera todo el barrio. Lo que más mola es que hay una regla sagrada por la cual mi madre nos tiene que dejar bajar a recibirle sea la hora que sea. Te puede pillar en el wáter, cenando o en la bañera, da igual, hay que echar a correr escaleras abajo y llegar a tiempo para abrirle la puerta del camión y lanzarte a su cuello sin piedad. Mi padre sube los tres pisos con nosotros colgando y diciendo: —Me vais a matar, ¿qué os da de comer tu madre que cada día estáis más gordos? El otro día la bocina de mi padre hizo temblar mi barrio a la una de la madrugada. Yo me desperté y me levanté de un salto y me puse las zapatillas en chancleta. Mi...

Los dos hermanos - Lev Tolstói

     Éranse dos hermanos que viajaban juntos; al mediodía decidieron tumbarse bajo unos árboles del bosque para descansar.      Cuando se despertaron, vieron cerca de ellos una piedra sobre la que se podía leer esta inscripción:      Que quien se encuentre esta piedra camine por el bosque en dirección al Oriente; en el camino encontrará un río que deberá atravesar; a la otra orilla del río verá a una osa con sus ositos; deberá coger a esos ositos y subir a la montaña sin volverse. Allí encontrará una casa en la que encontrará la felicidad.      El hermano menor le dijo entonces al mayor:      —Vayamos juntos; tal vez podamos atravesar el río, coger los oseznos, llevarlos a la casa y encontrar la felicidad los dos.      El mayor le respondió:      —Yo no iré en busca de los osos y te aconsejo que tú no lo hagas. En primer lugar porque no puede saberse de dónde procede esta inscripción...

La Paz Mundial - Elvira Lindo

Hace diez días con sus diez noches mi sita Asunción entró en la clase a las nueve en punto de la mañana, sin dejarnos esos cinco minutos que tenemos todos los días para echarnos en cara lo que nos hicimos los unos a los otros el día anterior. La sita Asunción tomó aire y casi todos bostezamos porque era muy temprano para aguantar uno de sus discursos. Nuestra sita dijo lo siguiente: —Este año quiero que preparemos el Carnaval como si fuera el último carnaval de nuestra vida. Vamos a presentarnos a un concurso de Eurovisión de disfraces que van a hacer en una discoteca de Carabanchel el próximo sábado. Van a presentarse niños de los colegios de todo el barrio y tenéis que demostrar al mundo que sois unos niños como Dios manda y no esos delincuentes que parecéis. No la dejamos acabar, se montó un mogollón en la clase que no veas. Yihad se levantó para decir: —Aviso: yo me voy a disfrazar de Supermán y lo digo para que no se disfrace nadie más de Supermán porque en esta galaxia...

El gato con botas - Charles Perrault

Un molinero dejó como única herencia a sus tres hijos, su molino, su burro y su gato. El reparto fue bien simple: no se necesitó llamar ni al abogado ni al notario. Habrían consumido todo el pobre patrimonio. El mayor recibió el molino, el segundo se quedó con el burro, y al menor le tocó sólo el gato. Este se lamentaba de su mísera herencia: —Mis hermanos, decía, podrán ganarse la vida convenientemente trabajando juntos; lo que es yo, después de comerme a mi gato y de hacerme un manguito con su piel, me moriré de hambre. El gato, que escuchaba estas palabras, pero se hacía el desentendido, le dijo en tono serio y pausado: —No debéis afligiros, mi señor, no tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis. Aunque el amo del gato no abrigara sobre esto grandes ilusiones, le había visto dar tantas muestras de agilidad para cazar ratas y ratones, como colgarse de los pies o e...

Las andanzas de Pulgarcito, el hijo del sastre - Hermanos Grimm

Érase una vez un sastre que tenía un hijo   que se había quedado tan pequeño que no   era mayor que un pulgar, y por eso se llama­ba Pulgarcito.           Tenía, sin embargo, coraje en el cuerpo y le dijo a su padre:           -Padre, tengo que ir a recorrer mundo.           -Está bien, hijo mío -le contestó el padre y to­mó una aguja de zurcir y a la lumbre le puso un nudo de lacre encima-. Aquí tienes una espada para el ca­mino.           El sastrecillo salió a recorrer mundo y se puso a traba­jar primero para un maestro artesano, pero allí la comi­da no era lo bastante buena para él.           -Señora maestra -dijo Pulgarcito-, como no nos dé mejor comida, mañana temprano escribiré en la puerta de su casa con tiza: «Patatas demasiadas, la carn...