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Mostrando las entradas etiquetadas como accidente

Testigo en la Oscuridad - Fredric Brown (parte 1)

I     El leer lo ocurrido en el periódico ya me dio una ligera idea de los horrores del asunto. Por alguna razón, tuve el presentimiento inmediato de que se me pondría a trabajar en ese caso y de que aquello no me iba a gustar. Naturalmente, podría estar ya resuelto a mi regreso; era la tarde del penúltimo día de mis vacaciones. Pero no creí que pudiera ser así. Dejé el periódico y traté de olvidar lo que había leído, mirando a Marge. Incluso después de cuatro años de matrimonio, me gustaba mirar a Marge. Pero en esta ocasión no consiguió eliminar de mi mente lo que había leído. A través de una línea de pensamiento secundaria, mi mente volvió al caso. Pensé en lo malo que sería estar ciego y no poder volver a mirar a Marge nunca más. La historia publicada en el periódico hablaba de un hombre ciego..., un ciego que era el único testigo de un asesinato. Marge levantó su mirada, me preguntó en qué estaba pensando y se lo dije. Se interesó por el caso, y le conté los...

Una tarde plena - Clarice Lispector

El saguino  es tan pequeño como un ratón, y del mismo color. La mujer, después de sentarse en el autobús y de lanzar una mirada tranquila de propietaria sobre los asientos, ahogó un grito: a su lado, en la mano de un hombre gordo, estaba lo que parecía un ratón inquieto y que en verdad era un vivísimo saguino . Los primeros momentos de la mujer versus el saguino se consumieron en intentar sentir que no se trataba de un ratón disfrazado. Cuando hubo llegado a eso, comenzaron momentos deliciosos e intensos: la observación del animal. Todo el autobús, además, no hacía otra cosa. Pero era privilegio de la mujer estar al lado del personaje principal. Desde donde estaba podía, por ejemplo, reparar en la pequeñez de la lengua del saguino : un trazo de lápiz rojo. Y estaban los dientes, también: casi se podían contar millares de dientes dentro de la raya de la boca, y cada pedacito menor que el otro, y más blanco. El saguino no cerró la boca ni un instante. Los ojos eran redondos, h...

Ecos - Lawrence C. Conolly

Marie se quedo de pie en la cocina, con la mirada fija en los pájaros imantados que había sobre la puerta de la nevera. Poco después, Billy grita desde la sala reclamando leche para su hermano Paul. Ella no contestó. Paul hacía tres meses que había muerto. -¿Mami?- Miro a su alrededor, intentando recordar para qué haba ido a la cocina.-¡Mami! Paul quiere leche. ¿Puedes traérsela? El juego no podía continuar. Empezaba a ser aburrido. Billy ya era lo suficientemente mayor como para comprender la muerte, para poder comprender que era imposible que Paul estuviese en la sala mirando la televisión. Billy tenía seis años. Paul, de no haberse ido, tendría cinco. Dio la vuelta para regresar a la sala y sintió el agudo e hiriente dolor en su espalda, que el médico le había dicho que sentiría el resto de su vida. Marie tenía veintinueve años. El resto de su vida... Eso era mucho tiempo si moría de vieja y no de otro accidente. Se preguntó si alguna vez podría considerar el dolor como ...