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La tenebrosa casa de los Oidores

  A mediados del siglo xvi , existía un edificio de dos pisos en el centro de la Nueva España, sobre la acera oriente de la actual calle de Bolívar. Su aspecto, frío y lúgubre, correspondía con sus funciones: era el albergue de los oidores, temidos funcionarios del Santo Oficio. Día con día, los oidores se reunían en este sitio para acordar los castigos que impondrían a los herejes, brujos y relapsos ( Que reincide en un pecado del que ya había hecho penitencia o en una herejía a la que había renunciado). Alrededor de la mesa, sus mentes enfermizas trabajaban sin parar, deseosos de imponer tortura a quienes profesaban una religión contraria a la católica, como los llamados “judaizantes”, o que practicaban métodos curativos que eran calificados invariablemente de “brujerías”. El Santo Oficio perseguía a cualquiera que “amenazara la fe”, incluyendo especialmente a aquéllos que habían logrado hacerse de fortuna y bienes, todo lo cual terminaba en manos del clero; ya fuera que el...

Los cabellos del diablo

  En la segunda d é cada del siglo xvii , la ciudad capital de la Nueva Espa ñ a conoci ó un suceso que cubri ó de pavor a todos los que lo conocieron, por su naturaleza sobrenatural y escalofriante. El hecho ocurri ó en la calle de “la buena muerte”, hoy quinta de San Jer ó nimo, pero vayamos al inicio de esta leyenda, ubiqu é monos en el d í a 12 de febrero de 1728, cuando todo empez ó . Reci é n desembarcado de Espa ñ a, Don Crist ó bal Arias de Vel á zquez se encontraba en el despacho de un prominente notario, quien lo pon í a al tanto de la cuantiosa fortuna que le heredara su padre, muerto recientemente. Luego de felicitarlo, el notario pregunt ó al joven si hab í a quedado en buenos t é rminos con su padre. Extra ñ ado, Don Crist ó bal contest ó afirmativamente, a lo que el notario agreg ó en seguida, que el testamento conten í a una disposici ó n extra ñ a. Se ñ alaba que para poder entrar en posesi ó n de sus bienes, Don Crist ó bal deb í a vivir por corto tiemp...