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Mostrando las entradas etiquetadas como gatos

Los gatos de Père Lachaise - Neil Olonoff

Bateman odiaba llegar tarde. Se sentía irritado después de haber perdido media mañana intentando convencer a su esposa de que acudiera al funeral de Osear. Ahora, subiendo hacia la entrada del crematorio de Pére Lachaise, se sentía más irritado aún por tener que abrirse camino entre un grupo de enormes gatos tomando el sol en los amplios escalones.  Al llegar casi arriba, cansado de mirar constantemente a sus pies, pisó descuidadamente una cola. El maullido fue lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos, pensó divertido. Pero los gatos no salieron en estampida, alarmados. En vez de ello, arquearon sus lomos y le miraron con malevolencia. Con una nerviosa mirada por encima del hombro hacia los gatos, Bateman penetró en la fría penumbra del crematorio. Se entretuvo un momento en la puerta de la estancia del crematorio. Pierre estaba sentado en medio del pequeño grupo de acompañantes que hacían guardia frente a la puerta del horno funerario.  A Bateman le recordó...

Los siete gatos negros - Ellery Queen

La campanilla vibró sobre la puerta del "Estableci­miento de Venta de Animales Domésticos", de Amsterdam Avenue, y Mr. Ellery Queen, frunciendo la nariz, entró en él. La extensión y la variedad de hedores del diminuto comercio no habrían avergonzado al mismísimo Jardín Zoológico de Nueva York. No obstante ello, sólo alojaba bestezuelas de escasísimas proporciones, todas las cuales, al segundo preciso de su entrada al local, inicia­ron un espantoso coro. —¡Buenas tardes! —articuló una voz ríspida—. Soy Miss Curleigh. ¿En qué puedo servirle? En mitad del pandemónium, encontróse Mr. Ellery Queen bajo la mirada de un par de ojos mercuriales. Me­diaban también otros detalles (la joven era esbelta, con abundosas guedejas, curvas graciosas y un hoyuelo risue­ño); pero los ojos atrajeron al momento su atención. Miss Curleigh, ruborizándose, repitió la pregunta. —Excuse usted... —respondió Ellery, volviendo a su asunto—. En el reino animal no existe, al parecer, una proporci...