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La aparición - María Consuelo Villarán

Agustín bebió apresurado la taza de café que Clorinda le había servido. Hay camote para el pan, le dijo, alargando un plato pequeño con unas cuantas tajadas. El hombre cogió el camote con su recia mano velluda y lo introdujo al pan. —Solo tengo unos minutos para desayunar —comentó— ahorita tocan el pito de la fábrica. Clorinda se quitó el mandil que ceñía su figura. —Todavía tienes tiempo, toma tranquilo tu desayuno, yo te voy a envolver unas yucas fritas con queso para tu almuerzo. El hombre suspiró mirando a su mujer envolviendo apurada su merienda en un papel plástico. Él cogió el paquete y lo cubrió con un periódico. —Voy a trabajar de corrido —dijo, haciéndole una seña de despedida. Clorinda lo despidió con un ademán de mano. Se dirigió al dormitorio y vio a los niños que dormían, miró el reloj, ya era hora de que se levantaran para ir a la escuela. Suavemente los despertó y los comenzó a vestir, ante las quejas y protestas de los chicos que querían seguir durmiendo. Marita era la...

El Conde Drácula - Woody Allen

En algún lugar de Transilvania yace Drácula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y aguardando a que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la muerte con toda seguridad, permanece en la oscuridad en su caja forrada de raso que lleva iniciales inscritas en plata.  Luego, llega el momento de la oscuridad, y movido por instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe la sangre de sus víctimas.  Por último, antes de que los rayos de su gran enemigo, el sol, anuncien el nuevo día, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo. Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas responde a un instinto milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y se acerca la hora. Esta noche, está especialmente sediento y, mientras allí descansa, ya despierto, c...