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Lady Bruja - Jane Francisca Speranza Wilde

 Hace unos cien años, vivía en Joyce’s Country una mujer a la que todos los vecinos tenían miedo, porque siempre disponía de mucho dinero, pese a que nadie sabía cómo lo conseguía; y en su casa se comía y bebía siempre lo mejor, sobre todo por la noche: carnes y aves y vino español en abundancia para todo el que quisiera pasarse por allí. Y, cuando la gente preguntaba de dónde salía todo aquello, ella se reía y respondía simplemente: «Lo he pagado». Así que por todo el país se corrió la voz de que se había vendido al Maligno, y de que podía tener lo que quisiera con solo desearlo, y en razón de su riqueza la llamaron «Lady Bruja». Solo salía por la noche, siempre con una brida y una fusta en la mano, y a menudo se oía en mitad de la noche a un caballo galopando a lo lejos, por los caminos cercanos a su casa. Empezó a circular entonces el extraño rumor de que, si un hombre joven bebía sus vinos españoles en la cena y se quedaba dormido después, ella lo embridaba y lo convertía...

La brujería en Gales - Mary Lewes

 Por extraordinario que parezca en estos tiempos realistas, las «brujas» y los «hechiceros» profesionales, según creo, ni mucho menos han desaparecido de las regiones rurales más remotas de Gales, aunque, por supuesto, su número, ya reducido, disminuye de día en día. Además, es muy difícil tener noticias suyas, puesto que rara vez dan pruebas de su talento. Pero no cabe duda de que pueden encontrarse con facilidad ejemplos no muy antiguos —quizá incluso actuales— de personas enfermas que consultaron con el hechicero local como último recurso cuando el tratamiento del médico tradicional había fallado. Sea cual sea la cualidad o atributo propios de los hechiceros y las brujas, se decía a veces que era exclusivo de ciertas familias. En una aldea que quedaba a pocos kilómetros de mi casa, había una familia «de brujas»; es decir, que siempre había en ella uno u otro miembro que afirmaba tener poderes «de bruja». La creencia en la relación entre brujas y liebres estaba muy extendida....

La bruja del ámbar - Lady Duff-Gordon

 Cuando comparecimos de nuevo ante el tribunal, la sala estaba abarrotada, y algunos se estremecieron al vernos, mientras que otros rompieron a llorar; mi hija volvió a negar la acusación de que era una bruja. Pero cuando llamaron a declarar a nuestra vieja sirvienta Ilse, a la que no habíamos visto porque estaba sentada en un banco del fondo, la entereza de la que el Señor había dotado a Mary la abandonó de nuevo, y repitió las palabras de nuestro Salvador: «El que come conmigo se ha vuelto contra mí»; y se agarró con fuerza a mi silla. La vieja Ilse también se tambaleaba al caminar debido a la pena, las lágrimas le impedían hablar y se contorsionaba como si la estuvieran sometiendo a un suplicio. Pero, cuando el Dom. Consul la amenazó con que el alguacil la ayudaría a hablar, declaró que mi hija se despertaba a menudo por la noche y llamaba en voz alta al abyecto demonio. P: ¿Alguna vez ha oído que Satanás le respondiera? R: No, nunca le he oído. P: ¿Ha observado que la re...