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Los depredadores del mar - H. G. Wells

1 Hasta el extraordinario acontecimiento de Sidmouth, la ciencia conocía solo genéricamente a la peculiar especie de los Haploteuthis ferox, y ese conocimiento se fundaba en un tentáculo semidigerido obtenido cerca de las Azores, y en un cuerpo putrefacto picoteado por los pájaros y mordido por los peces, hallado en 1896 por el señor Jennings, cerca de Land's End. Sin duda, no hay área de la ciencia biológica en la que estemos tan a oscuras como en la referida a los cefalópodos de las profundidades. Fue un simple accidente, por ejemplo, lo que originó que el Príncipe de Mónaco descubriera, en el verano de 1895, una docena de nuevas variedades; descubrimiento en el que se incluyó el tentáculo ya mencionado.  Sucedió que unos cazadores de cachalotes mataron a una de estas bestias cerca de Terceira, y en sus últimos estertores, el cachalote casi embistió el yate del Príncipe, le erró, rodó debajo de él y murió a menos de veinte metros del timón. En su agonía, regurgitó una serie d...

El fantasma - Catherine Wells

  Una niña de catorce años estaba sentada en una vieja cama, recostada sobre unos almohadones y tosiendo de tanto en tanto a causa del resfrío y la fiebre que la obligaban a permanecer allí. Ya no quería seguir leyendo a la luz de la lámpara y permanecía reclinada, escuchando lo poco que podía oír y observando el fuego de la chimenea.  Desde abajo, más allá del ancho y oscuro pasillo, cubierto de paneles de roble y en el que colgaban cuadros antiguos con llameantes batallas navales pintadas en sus telas, desde más allá de la amplia escalera de piedra que daba a una pesada puerta chirriante, le llegaban, por momentos, los tenues sonidos de la música de baile.  Primos, primos y más primos se hallaban allí abajo, y el tío Timothy, como anfitrión, animaba la velada. Muchos de ellos habían entrado alegremente en su cuarto durante el día, le decían que su enfermedad era «una verdadera lástima», que patinar en el parque era «demasiado divertido», y luego se iban a bailar otra ve...

El huevo de cristal - H. G. Wells

       Hasta hace un año, cerca de Seven Dials había una tienda pequeña y de aspecto mugriento sobre la cual, deteriorado por el tiempo, un letrero amarillo anunciaba: «C. Cave, Naturalista y Anticuario».  El contenido de su escaparate era curiosamente variado. Comprendía algunos colmillos de elefante y un juego incompleto de ajedrez, abalorios y armas, un estuche con ojos, dos calaveras de tigre y una humana, varios monos disecados y comidos por las polillas (uno sostenía una lámpara), un bargueño anticuado, un huevo de avestruz cubierto de huevos de mosca, aparejos de pesca y una pecera vacía extraordinariamente sucia. En el momento en que empieza la historia había también un bloque de cristal de roca, tallado en forma de huevo y brillantemente pulimentado. Y aquello era lo que estaban mirando dos personas, de pie frente al escaparate, una de ellas un clérigo alto y delgado, la otra un joven de barba negra, tez morena y vestuario discreto. El joven moreno g...