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Estocolmo 3 - Amparo Dávila

A pesar de ser otoño hacía un tiempo espléndido la tarde en que yo caminaba por la Colonia Juárez rumbo a la calle de Estocolmo. Allí vivían, en el número 3, desde hacía dos meses, Homero y Betty. Sin embargo, era la primera vez que iba a su nuevo departamento.  Primero había sido la enfermedad de mamá, que me tuvo a su lado todo el tiempo, como sucedía siempre que algo perturbaba su salud, lo que me había impedido visitarlos. Mamá es de esas personas demasiado aprensivas a quienes hay que dedicarse en cuerpo y alma, pues si llegan a sentirse poco atendidas o descuidadas caen en fuertes crisis depresivas que ponen en peligro su recuperación.  Después, por el trabajo rezagado y la intención de ponerlo al corriente se fue pasando el tiempo, y éramos tan amigos que sólo por inconvenientes así se justificaba que hubieran pasado tantos días sin verlos. En el reloj de la Profesa daban las seis de la tarde cuando toqué el timbre de Estocolmo 3. Casi sin aliento llegué hasta el quin...

El tribunal de los muertos - Leyendas de México

Dicen que quien est á en permanente contacto con la muerte, a trav é s de la destrucci ó n de la vida, tarde o temprano la provoca. Entonces, viene la Parca a reclamar al que usurpa su lugar, o como esta leyenda relata, el trabajo corre a cuenta de “El tribunal de los muertos”. En plena é poca colonial, los vecinos de la Nueva Espa ñ a dieron fe de la vida licenciosa de Gelasio de Carabantes. Caballero de car á cter violento y caprichoso, pavoneaba ante todos su hombr í a, al grado de afirmar que é l era el m á s fiero caballero de la Nueva Espa ñ a. No ten í a miedo a nada ni a nadie, a vivos ni muertos, clamaba ante cualquiera, siempre presto para desenvainar su espada. Si cre í a que alguna persona lo hab í a mirado de mala manera, ya estaba ah í su espada, fiel para clavarse en el pecho del desventurado. Si alguno lo encontraba, habr í a que aceptar sin reservas que é l era el mejor, con tal de salvar la vida; pero de cualquier manera, su esp í ritu criminal continuaba busc...