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Mostrando las entradas etiquetadas como humor

El aterrizaje - Jacques Sternberg

  Cuando los stralkos se contactaron por primera vez con nuestro mundo, aterrizaron en África, en medio de la maleza, muy cerca de una aldea zulú.  Tomaron notas, dedujeron las leyes y las costumbres generales y, un año más tarde, invadieron la Tierra con el objeto de anexarla. Se habían maquillado de negro, habían untado sus cuerpos con abundantes pinturas y se habían armado con piedras y flechas. Pero, esta vez, aterrizaron en Estados Unidos, entre Boston y Chicago.

Una operación financiera - Slawomir Mrozek

Un buen día el cartero me trajo una postal con el siguiente mensaje: «O me deja antes del jueves, debajo de la piedra, en la plazoleta frente al mesón, cien mil en efectivo, o se va a enterar.» Firmado: «Oswald.» Calculé que mi sueldo no me alcanzaría para pagar aquello. ¿Que podía hacer? No tenía ganas de perecer a mi edad. Me senté y escribí la siguiente carta: «Estimado Señor: o bien encuentro el miércoles, a mas tardar, frente al mesón, en la plazoleta, debajo de la piedra, cien mil en efectivo, o se va a enterar. Su Calavera. P.D.: No pido para mí, sino para alguien necesitado.» Tras una breve reflexión borré «cien mil» y puse «ciento cincuenta mil». ¿Por qué no aprovechar la ocasión para ganar algo? Ahora sólo quedaba decidir a quién podía enviar mi mensaje, dado que nadie tenía dinero. Por fin lo envié a un colega con el que mantengo amistad desde niño. Él tampoco tiene pasta pero al menos sé su dirección y es un tío legal. El miércoles fui a la plazoleta y miré debajo de la ...

Cómo Ocurrió - Isaac Asimov

Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ese que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras. -En el principio -dijo-, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo... Pero yo había dejado de escribir. -¿Hace quince mil doscientos millones de años? -pregunté, incrédulo. -Exactamente -dijo-. Estoy inspirado. -No pongo en duda tu inspiración -aseguré.  (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.) -Pero ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un período de más de quince mil millones de años? -Tengo que hacerlo. Ese es el tiempo que llevó. Lo tengo todo aquí dentro -dijo, palmeándose la frente-, y procede de la más alta autoridad. Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa. -¿Sabes cuál es el precio del papiro? -dije. -¿Qué? (Puede que esté insp...

Las arenas azules de la Tierra - Robert F. Young

Marte ha sido durante décadas el objetivo favorito de los autores de SF. Desde Wells a Bradbury, pasando por Rice Burroughs, han sido legión los astronautas literarios que han hecho volar (nunca mejor dicho) su imaginación hacia el sugestivo planeta rojo. Si un hipotético marciano leyera todo lo que los terrestres han escrito sobre su mundo, probablemente se partiría de risa... O, tal vez, como "venganza poética", escribiría un relato romo el que sigue. NOTA: La historia que sigue llegó hasta mi por conductos hasta ahora inaccesibles, cuya naturaleza no puedo ni debo divulgar. Es, por lo que sé, la primera historia marciana de ciencia ficción que llega a la Tierra, y aunque siga su propio curso, hay muchas cosas que se pueden deducir de ella, como, por ejemplo:  1) Que los marcianos son muy parecidos a nosotros.  2) Que su civilización es muy parecida a la nuestra.  3) Que todo el tiempo que los escritores de ciencia ficción de la Tierra han empleado usando a Marte como...

La mejor mentira - Cuento judío

 Hershele vivía en una pequeña aldea de Polonia que se llamaba Ostropolie. Era un hombre muy pobre, y le costaba alimentar a su familia. Sin embargo, tenía tanta alegría de vivir que se podía permitir venderle un poco a los demás. Un día, hambriento como de costumbre, Hershele entró en una panadería. –¿Me daría uno de esos pancitos con semilla de amapola? –le pidió al panadero. –Cómo no, Hershele, siempre que tengas con qué pagarlo –dijo el panadero. Y le alcanzó un pancito de aspecto tierno y delicioso. Hershele lo miró por todos lados sin mucho interés y finalmente se decidió: –Disculpe, pero cambié de idea, se lo devuelvo. Prefiero esa rosquita dulce. El precio es el mismo, ¿verdad? El panadero volvió a poner el pan en su lugar y le dio a Hershele la rosquita. –¡Mmm, qué deliciosa! –dijo nuestro pícaro amigo–. Creo que voy a comérmela aquí mismo. Dicho y hecho, se la devoró en un instante sin dejar ni una miga. Se estaba por ir cuando el panadero lo detuvo. –He...

La futura difunta - Richard Matheson

El hombrecillo abrió la puerta y entró; fuera quedó la deslumbradora luz del sol. Aquel hombrecillo larguirucho, de aspecto simple y ralo cabello gris, rondaría los cincuenta años o poco más. Cerró la puerta sin hacer ruido y se quedó en el lóbrego vestíbulo, en espera de que los ojos se le acostumbraran al cambio de luz. Vestía un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su pálido rostro aparecía sin transpiración a pesar del calor. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la penumbra, se quitó el sombrero panamá y avanzó por el pasillo hasta el despacho: sus zapatos negros no hicieron ruido alguno al pisar sobre la alfombra. El empleado de la funeraria levantó la vista de su escritorio para saludarle. -- Buenas tardes. -- Buenas tardes --repuso el hombrecillo, que tenía una voz suave. -- ¿Puedo ayudarle en algo? -- Sí --respondió el hombrecillo. Con un ademán, el empleado de la funeraria le indicó la butaca que había del otro lado de su escritorio y le dijo: -- Por f...

Se solicita sirvienta - Patricia Laurent Kullic

Si viene por el anuncio, pase. Las instrucciones están sobre la mesa. Kushner. Señor: Me llamo Regulema y leí su recado. Fui a la tienda con el dinero que estaba sobre la mesa. Le dejo una coliflor cocida y un caldito de pollo. Espero que le guste. Firma, Regulema. Regulema: Le doy la bienvenida. Disculpe usted que no lo haga personalmente pero soy un hombre enfermo. En el recado de ayer olvidé decirle que su horario será de diez a cuatro, pero si termina antes puede irse. Hay un cuarto en el fondo del pasillo que está bajo llave, no se preocupe en limpiarlo. Cada viernes dejaré su sueldo sobre esta misma mesa. Atentamente, Jonas Kushner. Señor Kushner: Compré veneno para ratas y un líquido para limpiar la vajilla del vitrinero. Mañana voy a ir a pagar los recibos de luz y agua que estaban amontonados en el buzón. No estaré por la mañana. Firma, Regulema Regulema: El caldo de ayer tenía especias. Le pido por favor que el pollo lo hierva en agua solamente. Lo que compró para lim...