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Mostrando las entradas etiquetadas como promesa

Cuento cubano - Guillermo Cabrera Infante

Una mujer. Encinta. En un pueblo de campo. Grave enfermedad: tifus, influenza, también llamada trancazo. Al borde de la tumba. Ruegos a Dios, a Jesús y a todos los santos. No hay cura. Promesa a una virgen propicia: si salvo, Santana, pondré tu nombre Ana a la criatura que llevo en mis entrañas. Cura inmediata. Pero siete meses más tarde, en vez de niña nace un niño. Dilema. La madre decide cumplir su promesa, a toda costa. Sin embargo, para atenuar el golpe y evitar chacotas deciden todos tácitamente llamar al niño Anito.

La alondra cantarina y saltarina - Hermanos Grimm

  Erase una vez un hombre que tenía proyec­tado un gran viaje, y al despedirse les pre­guntó a sus tres hijas qué querían que les trajera. La mayor quiso perlas, la segunda diamantes, pero la tercera dijo: -Querido padre, yo quiero una alondra cantarina y saltarina. -Sí, si la puedo conseguir la tendrás -dijo el padre, y besó a las tres y se marchó. Cuando le llegó el momento de regresar de nuevo a casa tenía las perlas y los diamantes para las dos mayo­res, pero la alondra cantarina y saltarina para la más pequeña la había buscado en vano por todas partes, y eso le daba mucha pena, pues en realidad era su hija favorita. Su camino le llevó entonces por un bosque, y en mi­tad de él había un magnífico palacio, y cerca del palacio había un árbol, y arriba del todo, en la copa del árbol, vio una alondra que cantaba y saltaba. -¡Vaya, me vienes que ni pintada! -exclamó. Se puso muy contento y llamó a su criado y le mandó que se subiera al árbol y atrapara al animalito. Per...

Aire - Andrés Neuman

 Persigo instantes únicos. Algún tiempo sin máscara. Un viaje sin destino. Aceptarlo. Eso es todo. Soy paracaidista. La primera vez que salté, me juré que sería la última. No fui capaz de soportar lo que veía. Después ya no supe vivir sin saltar. Cuando siento mi materia cortada por el aire y veo la tierra corriendo a mi encuentro, me vuelvo diáfano y cobarde: pido perdón, suplico, hago promesas. Es extraño el estado que uno alcanza al reencontrar, como por vez primera, la firmeza bajo sus pies. Pero uno echa a andar y se retracta. Olvida que ha rogado, que ha temido, y se envilece poco a poco. Así es como vivimos: nos hemos olvidado de la tierra que hay bajo nuestros pies. Después de la caída, la vida recupera todos sus milagros. Y es fácil olvidarlos. Comenzamos a andar, eso es todo. Entonces hace falta un nuevo salto. Y otro. Y otro. Y muy pronto lo que uno más anhela es dejarse caer. Soy súbdito del aire. Quién pudiera vivir aterrizando. Una dicha, me temo, imposible: en cu...

Juan Erizo - Hermanos Grimm

  Erase una vez un labrador que poseía buena cantidad de tierras y de dinero; más por rico que fuese, le faltaba algo para ser feliz: no tenía hijos. Con frecuencia, cuando iba a la ciudad con los demás campesinos, burlábanse éstos de él y le preguntaban por qué no tenía hijos. Enfadóse el hombre al cabo y, al llegar a su casa, exclamó: —¡Quiero un hijo, aunque haya de ser un erizo! Y he aquí que su mujer tuvo uno el cual era, por la parte superior, un erizo, y por la inferior, un ser humano; y, al verlo, la madre exclamó asustada: —¡Ay, nos han embrujado! Dijo el hombre: —Esto ya no tiene remedio. De todos modos hay que bautizar al niño; pero ¿quién será el padrino? —No podemos ponerle más nombre que «Juan Erizo» —observó la mujer. Una vez estuvo bautizado, dijo el cura: —Con las púas que tiene no puede dormir en una cama corriente. Por lo cual le pusieron un montón de paja detrás del horno, y éste fue el lecho de Juan Erizo. Pero su madre tampoco podía amamant...