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La futura difunta - Richard Matheson

El hombrecillo abrió la puerta y entró; fuera quedó la deslumbradora luz del sol. Aquel hombrecillo larguirucho, de aspecto simple y ralo cabello gris, rondaría los cincuenta años o poco más. Cerró la puerta sin hacer ruido y se quedó en el lóbrego vestíbulo, en espera de que los ojos se le acostumbraran al cambio de luz. Vestía un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su pálido rostro aparecía sin transpiración a pesar del calor. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la penumbra, se quitó el sombrero panamá y avanzó por el pasillo hasta el despacho: sus zapatos negros no hicieron ruido alguno al pisar sobre la alfombra. El empleado de la funeraria levantó la vista de su escritorio para saludarle. -- Buenas tardes. -- Buenas tardes --repuso el hombrecillo, que tenía una voz suave. -- ¿Puedo ayudarle en algo? -- Sí --respondió el hombrecillo. Con un ademán, el empleado de la funeraria le indicó la butaca que había del otro lado de su escritorio y le dijo: -- Por f...

Se solicita sirvienta - Patricia Laurent Kullic

Si viene por el anuncio, pase. Las instrucciones están sobre la mesa. Kushner. Señor: Me llamo Regulema y leí su recado. Fui a la tienda con el dinero que estaba sobre la mesa. Le dejo una coliflor cocida y un caldito de pollo. Espero que le guste. Firma, Regulema. Regulema: Le doy la bienvenida. Disculpe usted que no lo haga personalmente pero soy un hombre enfermo. En el recado de ayer olvidé decirle que su horario será de diez a cuatro, pero si termina antes puede irse. Hay un cuarto en el fondo del pasillo que está bajo llave, no se preocupe en limpiarlo. Cada viernes dejaré su sueldo sobre esta misma mesa. Atentamente, Jonas Kushner. Señor Kushner: Compré veneno para ratas y un líquido para limpiar la vajilla del vitrinero. Mañana voy a ir a pagar los recibos de luz y agua que estaban amontonados en el buzón. No estaré por la mañana. Firma, Regulema Regulema: El caldo de ayer tenía especias. Le pido por favor que el pollo lo hierva en agua solamente. Lo que compró para lim...

Estofado irlandés - Jean Ray

El menú estaba escrito con tiza sobre una pizarra escolar; ésta formaba, con un farol de llamas azules y un letrero de chapa recortada borroneado por las lluvias, un barroco colgante de miseria, en la esquina de la Night Ravenstreet. Sólo el nombre de la calle era agradable. Night Ravenstreet: la calle del Cuervo de la Noche. Y, abovedándola, el cielo cargado de lluvia y hollín de Limerick. Dave Lumley subió algunos escalones, que desembocaban en un hall poligonal como una tela de araña. Esta imagen lo obsesionó por algunos instantes. Pero como sentía la culata de su Webley en el bolsillo, contra su cadera derecha, alzó los hombros y se introdujo en una fisura sombría de la tela que resultó ser un corredor donde humeaba una lámpara. El cálido olor del guiso lo acogió como un amable anfitrión, que guiaba su persona empapada por la lluvia de octubre. ¬En verdad ¬murmuró¬, comería cualquier cosa. Fue entonces que los reflejos de su espíritu analizaron la singular atmósfera del lugar,...

El pobre Bill - Lord Dunsany

En una antigua guarida de marineros, una taberna del puerto, se apagaba la luz del día. Frecuenté algunas tardes aquel lugar con la esperanza de escuchar de los marineros que allí se inclinaban sobre extraños vinos algo acerca de un rumor que había llegado a mis oídos de cierta flota de galeones de la vieja España que aún se decía que flotaba en los mares del Sur por alguna región no registrada en los mapas. Mi deseo se vio frustrado una vez más aquella tarde. La conversación era vaga y escasa, y ya estaba de pie para marcharme, cuando un marinero que llevaba en las orejas aros de oro puro levantó su cabeza del vino y, mirando de frente a la pared, contó su cuento en alta voz: «Cuando más tarde se levantó una tempestad de agua y retumbaba en los emplomados vidrios de la taberna, el marinero alzaba su voz sin esfuerzo y seguía hablando. Cuanto más fosco hacía, más claros relumbraban sus fieros ojos.) «Un velero del viejo tiempo acercábase a unas islas fantásticas. Nunca habíamos vist...

Chica PIN-UP - Robert Bloch

La primera vez que el príncipe vio a Lani fue en el "Ciro". Ella estaba pasando la gran noche; baile, cena, bebidas, todo el programa. La acompañaba Gibson y la fiesta formaba parte de sus actividades. Él incluso le había facilitado un traje de noche que le caía a las mil maravillas. Todos la miraban y los fotógrafos sacaban una instantánea tras otra. Aquello era vivir. El maître dejó una tarjeta sobre su mesa. Había el nombre grabado en la parte superior, Príncipe Ahmed, y una sola línea escrita a mano que decía: ¿Puedo tener el placer de su compañía? Se la enseñó a Gibson. -¿Quién es ese tipo? -preguntó. Gibson la miró con ojos muy abiertos. -¡No me digas! -exclamó-. Querida, no es posible que hables en serio. ¿Es que nunca lees la revista Time? Dicen que ese hombre no sabe qué hacer con el dinero; se habla de unos ingresos de medio millón a la semana, o algo por el estilo. Petróleo, ya puedes figurártelo. ¡Algo fabuloso! Ha venido en misión diplomática... -¿Qué aspe...

Una Noche de Verano - Ambrose Bierce

El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era un motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición - tendido boca arriba con las manos cruzadas sobre su estómago y atadas que rompió fácilmente sin que se alterase la situación -, el estricto confinamiento de toda su persona, la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir y Armstrong lo aceptó sin perderse en cavilaciones. Pero, muerto... no. Sólo estaba enfermo, muy enfermo, aunque, con la apatía del inválido, no se preocupó demasiado por la extraña suerte que le había correspondido. No era un filósofo, sino simplemente una persona vulgar, dotada en aquel momento de una patológica indiferencia; el órgano que le había dado ocasión de inquietarse estaba ahora aletargado. De modo que sin ninguna aprensión por ...

El solipsista - Fredric Brown

Walter B. Jehovah, por cuyo nombre no pido excusas desde que realmente fue su nombre, ha sido un solipsista toda la vida. Un solipsista, en el caso de que no conozcas la palabra, es alguien que cree que él es la única cosa que existe realmente, que el resto de la gente y el universo en general existe sólo en su imaginación, y que si él dejara de imaginarlos su existencia acabaría. Un día Walter B. Jehovah comenzó a practicar el solipsismo. En una semana su mujer se escapó con otro hombre, perdió su trabajo como agente marítimo y se rompió la pierna en la persecución de un gato negro tratando de evitar que se cruzara en su camino. Decidió, en la cama del hospital, acabar con todo. Mirando a través de su ventana, hacia las estrellas, deseó que no existieran, y no estuvieron allí nunca más. Entonces él deseó que no existiera ninguna otra persona, y el hospital comenzó a estar demasiado tranquilo incluso para un hospital. Lo siguiente, el mundo, y se encontró suspendido en un vacío. Se ...

La noche boca arriba - Julio Cortázar

Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; le llamaban la guerra florida. A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quiz...

Axolotl - Julio Cortázar

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl. El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa. En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género a...

El libro de arena - Jorge Luis Borges

...thy rope of sands... George Herbert (1593-1623)   La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito delíneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geométrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico. Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Or...