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Los habitantes de la isleta Middle - William Hope Hodgson

-Es aquélla -exclamó el viejo ballenero dirigiéndose a mi amigo Trenhern, mientras el yate costeaba lentamente la Isla Nightingale. El viejo señalaba con el cabo de una ennegrecida pipa de arcilla una pequeña isleta a estribor de la proa. -Es aquélla, señor -repitió-. La Isleta Middle y pronto tendremos un buen panorama de la ensenada. Aunque no afirmo que la nave esté aún allí, señor, y si lo está, tenga en cuenta que le dije durante todo el tiempo que no había nadie en ella cuando subimos a bordo -volvió a llevarse la pipa, a la boca dándole un par de chupadas lentas, mientras Trenhern y yo escrutábamos la isleta a través de los prismáticos. Estábamos en el Atlántico Sur. Al norte, a lo lejos, se veía difusamente el pico torvo, golpeado por los vientos de la Isla Tristán, la mayor de las que integran el grupo Da Cunha, mientras que en el horizonte occidental podíamos distinguir en forma poco nítida la Isla Inaccesible. Sin embargo, estas dos eran de poco interés para nosotros. Er...

Instructivo para evitar la flacidez en la lengua - Sivela

- Elija a una persona a criticar - Este al tanto de sus acciones - Aumente los defectos de lo que hace - Invente errores a los aciertos - Ante su grupo de amigos cambie la versión para que usted sea la inteligente que es incomprendida - Aún cuando este de acuerdo con las ideas del criticado, muestre oralmente lo contrario - No dé cabida a nada nuevo. Usted lo sabe todo - Cuando las críticas se le regresen diga que es por ardidas - Y recuerde, lo más importante para evitar la flacidez es: No tener una vida propia de la cual ocuparse.

Encontrado por la policía - Sivela Tanit

Última entrada del diario de un joven necrófilo: “Hoy me masturbaré por primera vez”

El hombre con dedos de cobre - Dorothy L. Sayers

El Club de los Ególatras es uno de los sitios más cordiales de Londres. Se trata de un lugar al que uno puede acudir cuando siente necesidad de narrar el extraño sueño que tuvo la noche anterior, o si desea anunciar el magnífico dentista que ha descubierto. Y si uno quiere y tiene el temperamento de una Jane Austen, también puede escribir cartas a ese club, ya que en él no existen salas en las que esté prohibido hablar, y donde parecer ocupado o absorto cuando otro miembro le dirige a uno la palabra, sería una violación de las normas del club. Sin embargo, no pueden hacerse referencias a la pesca ni al golf. Si la moción del honorable Freddy Arbuthnot es aprobada ante la próxima reunión del comité (y hasta ahora, la opinión respecto a ello parece muy favorable), tampoco se podrá hablar de la radio. Como dijo lord Peter Wimsey el otro día, cuando surgió el tema en la sala de fumar, esos son asuntos sobre los que uno puede conversar en cualquier lugar. Por otra parte, el club no es espec...