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El entierro de Henri Christophe - Alejo Carpentier

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El gobernador entreabrió la hamaca para contemplar el rostro de Su Majestad.  De una cuchillada cercenó uno de sus dedos meñiques, entregándolo a la reina, que lo guardó en el escote, sintiendo como descendía hasta su vientre, con fría retorcedura de gusano.  Después, obedeciendo a una orden, los pajes colocaron el cadáver sobre el montón de argamasa, en el que empezó a hundirse lentamente, de espaldas, como halado por manos viscosas.  El cadáver se había arqueado un poco en la subida, al haber sido recogido, tibio aún, por los servidores.  Por ello desaparecieron primero su vientre y sus muslos.  Los brazos y las botas siguieron flotando, como indecisos, en la grisura movediza de la mezcla.  Luego sólo quedó el rostro, soportado por el dosel del bicornio, atravesado de oreja a oreja.  Temiendo que el mortero se endureciera sin haber sorbido totalmente la cabeza, el gobernador apoyó su mano en la frente del rey, para hundirla más pronto, con gesto...

Flores de las Tinieblas - Villiers de L'Isle-Adam

¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares, en las terrazas de las horchaterías de moda, ¿qué de mujeres con trajes multicolores, qué de elegantes "callejeras" dándose tono! Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulen con sus frágiles canastillas. Las bellas desocupadas aceptan esas flores perecederas, sobrecogidas, misteriosas... - ¿Misteriosas? - ¡Sí, si las hay! Existe, - sabedlo, sonrientes lectoras -, existe en el mismo París cierta agencia que se entiende con varios conductores de los entierros de lujo, incluso con enterradores, para despojar a los difuntos de la mañana, no dejando que se marchiten inútilmente en las sepulturas todos esos espléndidos ramos de flores, esas coronas, esas rosas que, por centenares, el amor filial o conyugal coloca diariamente en los catafalcos. Estas flores casi siempre quedan olvidadas después de las fúnebres ceremonias. No se piensa más en ello; se tiene prisa por vo...

De cómo llegó Plash–Goo al País que Nadie Desea - Lord Dunsany

En una choza con techo de paja, de tan descomunal tamaño que podríamos considerarla un palacio, aunque no fuera más que una choza por su estilo constructivo, sus vigas de madera y la índole de su interior, vivía Plash–Goo. Plash–Goo era uno de los hijos de los gigantes, cuyo monarca era Uph. El linaje de Uph había menguado en corpulencia durante los últimos quinientos años, de manera que ahora los gigantes no sobrepasaban los quince pies de altura; no obstante, Uph comía elefantes, que atrapaba con las manos. En la cumbre de las montañas que rodeaban la casa de Plash–Goo –pues Plash–Goo vivía en el llano– habitaba un enano llamado Lrippity–Kang. El enano solía caminar al atardecer por las crestas más altas de las montañas, subiéndolas y bajándolas, y era achaparrado, feo y peludo; y Plash–Goo lo vio claramente. Durante varias semanas, el gigante había soportado verlo hasta que finalmente le molestó su presencia (como suele ocurrir a los hombres con las cosas insignificantes) y ya no pu...

Los perros de Tíndalos - Frank Belknap Long

I —Me alegra que hayas venido —dijo Chalmers. Estaba sentado junto a la ventana, muy pálido. Junto a uno de sus brazos ardían dos velas casi derretidas que proyectaban una enfermiza luz ambarina sobre su nariz larga y su breve mentón. En el apartamento de Chalmers no había absolutamente nada moderno. Su propietario tenía el alma medieval y prefería los manuscritos iluminados a los automóviles, y las gárgolas de piedra a los aparatos de radio y a las máquinas de calcular. Retiró, en mi obsequio, los libros y papeles que se amontonaban en un diván y, al atravesar la estancia para sentarme me sorprendió ver en su mesa las fórmulas matemáticas de un célebre físico contemporáneo junto con unas extrañas figuras geométricas que Chalmers había trazado en unos finos papeles amarillos. —Me sorprende esta coexistencia de Einstein con John Dee —dije al apartar la mirada de las ecuaciones matemáticas y descubrir los extraños volúmenes que constituían la pequeña biblioteca de mi amigo. En las estant...

El árbol de la Brujas - Ray Bradbury

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https://es.scribd.com/doc/238741584/Ray-Bradbury-El-Arbol-de-Las-Brujas-v1-0-Petyr

La irrupción y el límite - Víctor Antonio Bravo

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https://es.scribd.com/doc/307550292/Bravo-Victor-Antonio-La-Irrupcion-y-El-Limite

Rincón de la poesía: Save My Life – Xandria

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My Soul feels empty I'm drowning in my tears It's pain I'm learning My Heart is aching Got poison in my veins In hell I'm burning Save my life Save my life Let these tears be our secret My You and I You and I Once we were so close Save my life It's all or nothing I'm asking you to give Let live or die Everything is better Than this silent lie Say that it's no lie! Save my life Save my life Let these tears be our secret You and I You and I Once we were so close Save my life I need you to save my life Save my life Save my life Let these tears be our secret You and I You and I Once we were so close Save my life Save my life Let me feel you breathing In your hands In your hands Is the heart of mine Save my life